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a regionalización y descentralización encuentran validados sus
postulados por dos argumentos interdependientes. El primero se
refiere a la necesidad de superar la atomización extrema de espacios
locales (100 mil centros poblados; 1829 municipalidades; 194
municipios provinciales), muchos de los cuales tiene baja densidad
poblacional, ubicaciones dispersas, incomunicaciones flagrantes,
mercados internos limitados y fragilidades institucionales
reconocibles. Este cuadro hace costosa y poco eficiente la
administración de los recursos públicos y privados. Regionalizar es,
desde esta perspectiva, racionalizar las demarcaciones y la
administración.
El segundo argumento mayor de la descentralización es el
aprovechamiento competitivo de las potencialidades en dimensiones
superiores a las provinciales y distritales. Las estrategias para
resolver estas demandas implican la gestión de alianzas entre
gremios empresariales o productores individuales y de éstos con
gobiernos municipales o provinciales. Estas alianzas permitirán
impulsar proyectos de impacto o manejar actividades que por su
naturaleza deben ser afrontadas conjuntamente, como el tratamiento
integrador de una cuenca, el aprovechamiento de yacimientos mineros,
la administración de sistemas de riego y la configuración de ejes de
intercambio binacionales o multinacionales.
En Octubre del 2002, en el Perú se eligieron a los presidentes de
gobiernos regionales transitorios y también los alcaldes
provinciales y distritales. La presencia de los nuevos gobernantes
ha sido asumida como un avance, pese a algunas restricciones como el
mantenimiento de esquemas fiscales y presupuestarios centralistas o
la ambigüedad relativa de las facultades propias de cada nivel de
gobierno: nacional, regional, provincial y distrital.
Sin embargo, dada la complejidad del proceso de descentralización,
puede admitirse que se han abierto diversas vías para progresivos
perfeccionamientos y consolidaciones, las cuales pueden clasificarse
en dos categorías: la primera, tiene un rango más formal y
normativo; la segunda, agrupa a las observaciones de carácter
instrumental dirigidas directamente a la planificación económica.
La primera categoría estimula las expectativas que la nación peruana
ha creado en torno al proceso de descentralización. Su trascendencia
se expresa en varias Políticas de Estado consensuadas en el Acuerdo
Nacional.
La segunda categoría, de acciones y debates, agrupa a las
iniciativas de carácter instrumental, dirigida a la planificación
económica. Esta dimensión se evidencia en la Estrategia Nacional de
Organizaciones del Territorio planteada por el Consejo Nacional de
Descentralización como referente para elaborar los planes regionales
o municipales y sectoriales, así como para impulsar esfuerzos
orientados a la integración continental.
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Fuente:
Informe sobre Desarrollo Humano Perú 2005.
Capítulo 2: La
Competitividad en el escenario nacional. Pag. 75 - 78. |
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