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l grado de integración económica, entendida como las relaciones que
se establecen entre departamentos y provincias a través de los
mercados de capital y trabajo, es un indicador de la profundidad del
desarrollo capitalista en cada territorio departamental. Así,
integración y articulación son funciones de un mismo proceso
económico, el de relacionar a las personas a través del intercambio
económico. Para que se dé una mayor articulación e integración se
requiere carreteras, vehículos de transporte y una red de
telecomunicaciones.
Para una mejor aproximación al problema de la integración económica
en los espacios regionales se ha estimado una serie de indicadores.
La tasa de asalariados, es decir, el porcentaje de trabajadores que
laboran por un sueldo o salario respecto a la fuerza laboral total,
indica cuán amplio es el mercado de trabajo y, en consecuencia, cuán
integrados están los trabajadores al sistema económico moderno.
En 2001-2002 el promedio nacional era de 37,2%, por debajo de
los estándares internacionales que superan el 60%. Pero a nivel
departamental, la situación es distinta y variada, pues mientras la
tasa más alta es la de Lima-Callao que alcanza el 51,9%, Apurímac,
Huancavelica, Ayacucho, Cusco, Puno, Huánuco y Cajamarca no llegan
al 30%; es decir, son departamentos con mercados de trabajo
insuficientes, sobre todo si se tiene en cuenta que en todos ellos
el principal empleador es el Estado, que sustituye como
integrador económico a un sector privado débil.
Los otros departamentos tienen tasas inferiores, con excepción de
Ica, Tumbes, Lambayeque, Arequipa, Tacna, Moquegua y Madre de
Dios. En general, la mayor parte de los departamentos tiene
problemas de escasa oferta laboral del sector privado. Es muy
probable que a nivel provincial la dispersión sea aun mayor, sobre
todo en las provincias más rurales, donde la tasa de asalariados ha
de ser muy baja.
Se ha tomado el
nivel de las colocaciones respecto al PIB como indicador de
la importancia del mercado financiero/bancario en cada
departamento. El ratio de las colocaciones sobre el PIB
departamental ilustra cuánta demanda de dinero hay en cada
departamento a través del sistema bancario formal. El promedio
del ratio colocaciones/PIB es de 19,6%, mientras que Lima tiene
el 34,2%, Huancavelica tiene menos de 0,1%; el resto de los
departamentos, exceptuando Arequipa, están por debajo del 10%.
También en este caso la integración de personas, empresas y
otras organizaciones económicas a través del mercado de dinero es
débil y extremadamente desigual entre los departamentos.
Los mercados de trabajo y de dinero sintetizan los mecanismos
institucionales de integración económica, sin embargo, para que
estos mercados funcionen se requiere de condiciones espaciales
y tecnológicas que faciliten o frenen la integración. En primer
lugar, es necesario que los productores, consumidores, empresarios
y trabajadores puedan integrarse físicamente a través de
carreteras y vehículos. El porcentaje de rutas asfaltadas sobre el
total de rutas de cada departamento es un indicador de calidad y
rapidez de la integración física.
La integración eléctrica es un buen indicador de
desarrollo en el espacio, pues refleja la existencia de mayores
oportunidades productivas y de negocios en cada lugar del país y a
su vez la capacidad de las personas de acceder al servicio. Por
ello, la electrificación integral de todas las regiones es un
factor de primer orden para promover el desarrollo humano. Al
2001, el 74,9% de peruanos tenía acceso al servicio eléctrico, en
Lima el 98,2% y en Arequipa, Moquegua, Tacna, Lambayeque, Tumbes,
Junín e Ica más del 80%, mientras que en Huanuco y Cajamarca menos
del 40%. El caso paradójico es el de Huancavelica, donde solo el
50,5% de la población tiene acceso al servicio eléctrico (0,06GWh)
pese a que produce casi un tercio de la electricidad de todo el país
(6 933 GWh). El nivel de integración eléctrica se refleja en la
proporción de clientes respecto al total de la población y
el consumo per cápita en cada departamento.
La información en sus diferentes formas es uno de los medios más
importantes para la integración. En el Perú, el promedio de
teléfonos fijos en viviendas es de 25,6%, en Lima- Callao
las viviendas con teléfono fijo alcanzan el 53,8% y entre los demás
departamentos solo Arequipa y Tacna tienen un promedio más alto que
el nacional. En cambio, en Pasco, Huancavelica, Amazonas,
Cajamarca, Amazonas y Apurímac las viviendas que tienen teléfono
fijo representan menos del 5%. En el año 2002, los teléfonos fijos
sobrepasaban el millón. La telefonía móvil ha ayudado a mejorar el
enorme déficit de integración telefónica en el Perú
pues hay más de 1,6 millones de celulares, es decir, la cantidad de
teléfonos móviles supera a la de fijos. Las formas más modernas de
comunicación informática, de transmisión de datos e internet son
todavía incipientes; la desigualdad de acceso en los distintos
departamentos es marcada.
Sin embargo, su avance espontáneo está siendo cada vez más veloz,
por lo que se esperaría la pronta conformación de una - masa crítica
- de integración que podrá ser utilizada para el desarrollo
regional. Al combinar integración física (carreteras y
vehículos), integración económica (mercados de
trabajo y de crédito), integración eléctrica e
integración telefónica e informática se
obtiene un coeficiente de integración económica regional
que va de 0 a 16. El coeficiente promedio a nivel nacional es de
0,443, que es bajo debido a las carencias señaladas. Lima, que es la
region más integrada, tiene un coeficiente de 0,658.
Por lo general, el coeficiente de un país desarrollado está por
encima de 0,750. Los departamentos menos integrados son
Cajamarca (0,164) y Huánuco (0,168), que tienen un tercio del
coeficiente de integración económica regional de Lima-Callao.
Los departamentos más integrados y que están por encima del
promedio nacional son: Ica (0,493), Lambayeque (0,484),
Arequipa (0,464), es decir, departamentos predominantemente
costeños. Los menos integrados son los de Selva y Sierra.
Existe una alta correlación entre la integración y el desarrollo
humano. Aquellos departamentos que aceleren su proceso integrador,
con el mercado de trabajo como primer medio de integración
económica y social, crearán progresivamente condiciones
favorables para el desarrollo humano pues las oportunidades se
multiplican a medida que la integración avanza.
La necesidad de integración fiscal
La integración fiscal es la capacidad del Estado para incorporar a
la población a través de los impuestos y el gasto público. Su fuente
son los contribuyentes, los cuales en el año 2003 llegaron a los
2,5 millones a nivel nacional (personas naturales 1,6
millones y jurídicas 0,9), pese a que la población ocupada es de
12 millones de personas y a que existe alrededor de un millón de
unidades económicas en funcionamiento. Esto muestra que, en
promedio, la integración tributaria es relativamente baja debido
principalmente al alto nivel de informalidad. La mayor parte
de peruanos paga impuestos al consumo pese a no estar registrados
debido a que dos tercios de los impuestos son indirectos.
Los impuestos por persona pagados en el año 2003 ascienden a S/.
787 en promedio en el ámbito nacional, lo cual equivale al
10,1% de sus ingresos. Pero a nivel departamental existen
amplias diferencias; mientras en Lima el promedio de pago de
impuestos a la SUNAT es S/. 2 179, en Huancavelica es S/. 11. La
recaudación de impuestos está concentrada en la Costa y en los
departamentos más urbanos. La enorme diferencia entre lo que se
recauda en Lima y el resto del país se debe básicamente a que la
mayor parte de contribuyentes, sobre todo las grandes compañías,
tributan en Lima, ya sea sus impuestos directos o las retenciones
sobre el impuesto general a las ventas (IGV) y el impuesto selectivo
al consumo (ISC).
Por el lado del gasto de gobierno per cápita, las diferencias
departamentales son bastante menores y suelen ser más fluctuantes.
Entre los departamentos en los que menos gastó el gobierno en el
2003 están Lambayeque, La Libertad, San Martín e Ica, y entre los
que más gastó, Moquegua, Ucayali, Huancavelica y Madre de Dios.
Entre los extremos existe una diferencia de 1 a 2,5. Esto quiere
decir que el Estado redistribuye territorialmente a través del
gasto y de los diversos bienes y servicios que ofrece como
educación, salud, infraestructura básica, alimentos y algunos apoyos
a sectores productivos.
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Fuente:
Informe sobre Desarrollo Humano Perú 2005.
Capítulo 2: La
competitividad en el escenario nacional. Pag. 72 -
73. |
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