|
Por:
Diego García - Sayán
Ex Canciller de la República
ay
hay mil razones para sostener que la esperanza
en el Perú es fundada. En un contexto en el que prevalece un clima de
escepticismo y en el que, incluso, bien remunerados funcionarios del Estado
pontifican sobre la 'inviabilidad' del Perú. El último informe del PNUD
sobre nuestro país ("Hagamos de la competitividad una oportunidad para
todos"), aporta elementos muy útiles en este terreno. En él, la
competitividad no es vista como algo que corresponde a sectores 'de punta',
sino como objetivo y herramienta para la integración nacional en base al
adecuado aprovechamiento de las potencialidades y capacidades de los
recursos humanos nacionales.
Primero, la gente, se
podría decir. Es por esto que deben merecer la más alta prioridad las
políticas de Estado que apunten a una educación pública de calidad. En el
campo de la educación ello podría consistir, a mi juicio, en priorizar para
los próximos cinco años una educación primaria de calidad con énfasis en el
conocimiento tecnológico y con metas concretas en la enseñanza y aprendizaje
del inglés. En ello es crucial el papel activo del Estado. Se engañan
quienes no entienden esto y asumen que 'el mercado' resolverá las acuciantes
prioridades en educación o salud pública. Para ello y para llevar a cabo una
estrategia en el ámbito de la producción científica nacional el Estado es
indispensable. Se debe priorizar ahora determinadas áreas en el ámbito de la
investigación científica en un proyecto nacional de desarrollo tecnológico.
Un papel promotor del Estado en articulación con el sector privado es
fundamental lo que requiere medidas promocionales que revierta la lógica
regresiva y de pasividad que nos estanca desde hace cuarenta años.
La competitividad
nacional, sin embargo, será tal en la medida en que constituya el marco para
el adecuado aprovechamiento de los espacios y recursos nacionales (naturales
y humanos). Debe -y puede- vertebrarse en el proceso globalizador, de
liberalización comercial y de integración económica, a los distintos niveles
de productores y de espacios del país. En ese proyecto deben tener un
espacio no solo los grandes productores sino los medianos y pequeños. Estos
últimos, sea para ingresar también a los mercados externos o, al menos, para
expandirse a mercados extralocales o regionales.
La competitividad
nacional requiere, en resumen, integrar las distintas áreas geográficas del
país y al conjunto de la población al proceso globalizador de manera que
todos participen en él y no solo unos pocos. Ello vertebrará la nación
peruana y hará el Perú, a su vez, competitivo.
|